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12/16/2004
Estoy contando tipos de sonrisa saltando vallas de alambre de espino. Probé con ovejas. Se engancharon todas. Probé con lágrimas. Sólo oxidaban las púas. Daban gangrenas a los niños del pueblo. Probé con nombres, hasta que ya no había sino diminutivos, pronombres y ecos amargos. Mala música. Mala para dormir. Mala. Tengo sueño después de comer, después de follar, después de escribir, después de matar. Gente. Siempre gente. Contar gente colgada en las vallas. ¡Después de soñar tengo sueño! Los párpados son plantas carnívoras, las pestañas son filamentos de drosophila. Los ojos son moscas. Cuando duermo, oigo las moscas zumbar dentro de mi cabeza. Despertaré y saldrán volando. Despertaré y seré ciego, sólo proteinas y restos quitinosos a medio digerir. En las cuencas. Tengo ojos que caducan cada día. Tengo larvas de mosca en los nervios ópticos. Tengo pupas internas. Tengo un enjambre por cerebro, son cables y carne los cerebros. Tengo sueño. Y estoy contando tus sonrisas en el alambre de espino. No hacen ruido. No gangrenan. No te conozco lo suficiente para que seas un diminutivo, un pronombre, un borrón de bayeta. Tiza. Comí tiza, limpié borradores, tuve una infancia. Tenía sueño. Dormía despierto, soñaba dormido. Ruido y sueño. Los cerebros son. Soñar es. Dormir es. Todo es. Eléctrico. Eléctrica. Tu sonrisa huele a óxido eléctrico y a pintura eléctrica y a electricidad eléctrica cuando tengo sueño. Cuando acabe de contarla, empezaré con tus huesos sin enchufe. Tienes huesos que caducan cada día. Tengo sueño. Entre el azar y el despertar. No me beses nunca. Déjame dormir. La vigilia carece de sentido.
Kun quería contar esto el 12/16/2004 5:07:56 pm
vaya
Mañana empieza el finde. No tengo ni idea de cómo he llegado hasta el jueves entre delirios, bajones, depresiones químicas y demás lindezas. Ni puta idea. Yo vine a Madrid y -creo- que era lunes. Desde entonces me hundí y me convertí en abono y en prácticas forenses y cosas así. Y hoy fui a comprar el periódico a las 8 y casi me da un pasmo. Era jueves.
Y las prisas con los retrasos acumulados me han impedido pensarlo mucho. Pero mañana empieza el finde (qué coño, empieza hoy, pero mejor no tentar la suerte).
La verdad es que lo que me preocupa no es eso, sino la leve intuición de que me apetece siniestreo. Pero... Pero... Pero... Como es last weekend before Christmas no habrá siniestreo.
En fin, que me quedaré sin mi penar de rica miel.
O no.
Por si acaso, voy a desenchufar a los Nephilim y le voy a meter tralla a Cibo Matto.
Delirante, he perdido tres días de la semana. ¿Me los devolverán? ¿Funciona como las fianzas? ¿Seré un Challenger de lo Unknown, viviré "tiempo de más"?
Elige siempre la opción C.
Kun quería contar esto el 12/16/2004 2:13:39 pm
La verdad es que no me hace falta ser zafio después de ver el comportamiento de Zaplana ayer, pero qué carajo, si uno ve un anuncio de lidocaína para aplicarse en la zona vaginal externa, después de Redes, y entre anuncios de hipotecas y loterías, entonces no hay límites.
Bueno, he vuelto, me sostengo a duras penas sobre mis piernas, como un sosias de Charles Xavier en cualquiera de sus recuperaciones sorpresa -¿le controlan la pensión de minusvalía?-. Me han ayudado la última obra de Sid Meier -colosal, qué faceta tiene este hombre para engancharme a todo trozo de software que lleve su nombre-, el medio kilo de ternera que me comí ayer en un ataque proteínico, el último boletín de Popbitch -otro de esos geniales descubrimientos de Locusta, pero es lo que significa su nombre en swahili: "descubrimientos geniales", vaya losa-, y los constantes cuidados de mis compis, sabedores de que todo hombre sólo precisa dos cosas: cerveza y petas.
No voy a volver a salir por lo menos hasta mañana. Y sé que NUNCA va a ser tan animal como estos días raros salmantinos, donde el título de mi página ha cobrado todo su significado unas 15 horas diarias. Si yo fuera de los que le echan la culpa de todo a otros -que no lo soy, desempolven el viejo argumento teológico de que el mal también emana de Dios y, por tanto, es necesario y bueno-, diría que "la culpa de todo la tienen los eventos que DJ Lu puso en marcha unas semanas atrás, con las Dirty Princess como colaboradoras maquiavélicas".
También se la podría echar al bajito treintañero del Esperpento, a Manulocal y su cohorte de muchachas o, directamente, a Hoffman.
Pero no, soy culpable directo del mayor atentado que he cometido contra mi vida desde que tenía 15 años. Y he disfrutado cada puto segundo.
Ideas: el rastas y el pelado sugieren comprarme una pizarra Vileda, colgarla en el salón, e ir anotando cuidadosamente los nombres de mis amores eternos y efímeros, para que cada día de la semana sepan a que atenerse. También lo sugirieron un día que el ingeniero y yo nos enfrascamos con la relatividad y la cuántica a todo tren, pero para ir dibujando mis teorías. Elige siempre la opción C: habrá pizarra, y será tocante a la cuántica de los bonobos -SALVEN A LOS BONOBOS-.
Y sí, eso significa que me volví a enamorar en Salamanca desde el post de la consumidora de fármacos y allegados. Y sí, no pasó nada. Y sí, el sábado, conociéndome, su nombre estará en la pila: vajillas interminables los nombres de mujer.
Oh, joder, cada vez que toso (y lo hago mucho), me imagino como revientan los capilares de mi cráneo. Es una sensación desagradable, pero tiene el componente de novedad suficiente como para que no me aplique analgésicos. Ni en el potorro ni en ninguna otra parte.
Volveré cuando haya puesto mi trabajo al día.
Kun quería contar esto el 12/16/2004 9:09:33 am
12/15/2004
Me muero mucho. Muchísimo. No volveré a salir tanto, lo juro. Y ahora, que alguien me pegue un tiro en la cabeza, a ver si se acelera la resurreción.
Mientras tanto, parón. Mañana, seguramente, vuelva.
Kun quería contar esto el 12/15/2004 10:37:43 am
12/7/2004
Hay nombres que se escriben sin hache
"Kun, ahí cubre" -ésta es la más concisa e inteligente.
"Kun, es la última persona con la que necesitas tener algo" -la más apropiada, no le subestimen.
"Kun, no lo hagas: NO" -el toque femenino, claro.
A lo mejor fue peor idea pedir consejo. Soy la típica persona que, cuando se pasea por las orillas del Serengeti (que es como Sanabria, pero en exótico), no se mete porque sabe que los cocodrilos muerden y arrancan piernas, y porque qué leches pinta un tigre en África. Pero, claro, también soy la típica persona que si ve un cartel que dice "ACHTUNG!!!: MUERTE, PUPA, NO LO HAGAS, AQUí HAY COCODRILOS MORDEDORES", acompañado de señales muy expresivas, sirenas, alambres de espino y trozos de carne de bañistas menos afortunados o directamente analfabetos, pues se quita la ropa y se echa unos largos silbando unos tangos.
O, lo que es lo mismo, no debería relacionarme con una persona que -entre ataques, furias, asturianismos, colapsos, bellas artes, desinhibiciones, ojos verdes, mirada ausente, los susodichos tangos, tristezas, bipolaridades, arrebatos, cansancios, gritos y demás- consume más sustancias químicas -con y sin receta- que pares de calzoncillos tengo -con y sin lavadora-.
No debería hacerlo para nada.
Ni de coña.
Nyet.
No.
Nein.
Repetir 30 veces.
Así que, al llegar a casa, cogeré el post-it (si lo encuentro) donde quedó su número anotado antes de que me lo lavara del brazo, y meditaré seriamente, por tercer día consecutivo, si debo o no debo llamarla. Comiéndome un bocadillo de queso, probablemente.
Inciso: ya es público que mis atracciones por las mujeres se basan en un órgano interno llamado dementómetro, que es un detector geiger y un imán al tiempo, y que en últimas fechas sólo emitía débiles "pi-pi-pi" en ocasiones muy contadas, que duran lo que duran una cama, una ducha y un desayuno -o un parking y un amanecer-. El puñetero dementómetro lleva 96 horas exhalando la sinfonía inagotable en PIIIIIIIIIIIIII mayúscula, y el momento más sexual en común fue cogernos la manita en el último taxi.
Parafraseando a Bill Murray en su mejor película: "sí, es una jodía loca, ¿y qué?".
En otro orden de cosas, para cuando vuelva a Madrid, habré salido unos 9 días seguidos. No puede ser nada bueno.
PD: Y menos mal que tengo la apuesta con DJ Lu de que puedo ser zafio -o lo que puede ser zafio en mí- durante treinta días de entradas, siendo este el cuarto de ellos, más o menos.
PD(2): Por cierto, Perraña, llevo toda la semana de farra con un viejo conocido tuyo.
PD(3): Opción C: dedicarme a la zoofilia con animales humanos hasta que me enamore de la siguiente persona, con la que tampoco me acostaré porque es el amor de mi vida y la quiero y la respeto -vamos, que me dará corte y no me atreveré- y me tendrá preocupado y lloriqueante otro sinfin de horas, hasta que... Mi vida sentimental es como el juego de la oca en un tablero dibujado por prerrafaelitas pero, ahora, mismo, se escribe sin hache.
Kun quería contar esto el 12/7/2004 7:29:45 pm
MUY IMPORTANTE: ESTOY SIN MÓVIL
Porque me lo dejé en Madrid. Y es el primer día que tengo acceso a Internet desde entonces. Tampoco tengo agenda, números de nadie, ni cosas por el estilo. Algunos ya lo saben, otros no. Esta situación se va a prolongar hasta el lunes. Creo que la mayor parte de mis conocidos saben del número fijo salmantino habitual. Tampoco estoy mucho, pero bastará. De viernes a domingo estaré aún más ilocalizable -lo que es lo mismo: ni Madrid ni Salamanca-. Fin del mensaje A.
Novedades, unas cuantas.
A disfrutar.
Kun quería contar esto el 12/7/2004 5:56:37 pm
12/3/2004
La primera vez que alguien con mi mismo nombre visitó Japón se dedicó a crear cristianitos entre los samurai.
Murió en China.
Más de una vez me han dicho que me llamo como me llamo porque, al parecer, tuve un abuelo que, en un arranque maravillosamente demente, se piró de su casa en Salamanca y apareció x días más tarde en una ermita de Navarra abrazado a la imagen del susodicho turista. Esa es una versión.
La otra es que cuando mi padre propuso que yo me llamara como él y como mi galopante abuelo, ya fallecido por aquellas, discutieron, y mi madre ganó la discusión con la frase "porque en la tuya pone réplica, y en la mía pone desert eagle punto cinco cero".
Al parecer, cuando mi padre volvió de inscribir mi nombre, el completo, el compuesto que ya sólo figura en dos documentos y no ha sido usado nunca por nadie -a no ser por putear-, mi madre tuvo la tentación de arrojar el objeto que más a mano le quedaba. Y esa sería una gran explicación para la configuración de mi cráneo.
Hmmmmm. Si algún día voy a Japón y alguien me pregunta que que hago allí le diré que intentar crear cristianitos. En el sentido más documental BBC de la palabra.
Ayer por la noche, sólo me enamoré una vez. La timidez -¿la falta de alcohol?- me hizo negarla tres veces. Ella se marchó con un estampado de cortina de ducha que caminaba como un hombre. Y así es fácil desenamorarse.
Me voy a Salamanca. Salven primero a los hombres. Las mujeres y los niños corren de mi cuenta.
PD: Día 3, ya llevo un 10%....
PD(2): Muy simbólico, porque no me lee desde el extranjero. Feliz cumpleaños, Antimedusa.
Kun quería contar esto el 12/3/2004 10:57:55 am
12/2/2004
Parece ser que el mini Kun coñazo lloraesquinas ha campado suficiente por esta página sin ningún control. Esperen unos instantes.
(Se apagan las luces. Ruido de forcejeo en la oscuridad. Un grito ahogado. Silencio. Una puerta se abre al fondo. Siluetas humanas la atraviesan. Dos ruidos como de petardo afogonado salpican la estancia. Las luces se encienden otra vez.)
And now for something completely different.
Kun quería contar esto el 12/2/2004 9:46:43 pm
a las canciones de lágrima sabida, a los nombres que una vez me fueron, a la vida coral y desatada de los viernes sin sol, a la risas de un estallido neuronal cualquiera, a las cicatrices que han ido marcándome como carreteras de un destino improbable y transitado, a las fugaces escapadas de tiempo ha, a la contemplación del papel en blanco que está por hacer.
No vivo en el pasado.
Soy la voz de los muertos, soy los cadáveres incómodos que todos quieren desterrar a golpe de matapolillas, soy el recuerdo de lo dura que fue la supervivencia, soy una máquina de devorar presentes, atomizarlos, diseccionarlos y acumularlos: síndrome de Diógenes. Recojo la basura porque algún día fue bella.
Y por encima de todo, logro banal e insignificante, soy la persona que se mira a sí misma en la distancia, el espectador fantasma de mi propia existencia.
El observador. El narrador. El evocador, el puto niño que no calla, no callara mientras no le arranquen la lengua, el tipo que lleva sombrero para que no se le vuelen las ideas, el miserable, el ciego que cuenta romances y batallas que no fueron, no serán suyas, el entrometido, el periodista, el fabulador, el inconsciente.
Tantos atributos para tanta nada.
Aunque hay, claro, un yo, lo habrá mientras no sea fantasma, mientras vista esta repugnante carne empapada de fluidos, esta esponja de vísceras que me impide atravesar paredes para ver.
Aunque hay, claro, un fantasma, lo hubo cuando dejé de ser yo, cuando me desnudé de toda esa repugnante masa de pensamientos empapada de emociones, esa esponja mental que no veía más allá de las paredes de su nombre.
Una renuncia: a contar los años como lo hace el resto. Porque para mí hay dos vidas, y como tal debe haber dos cronologías: antes de ella, después de ella. La era del amor, la edad de los tigres, si lo prefieren con nombres idiotas como los de antaño. Y he tardado unos dos años en darme cuenta de que vivo cerca del año dos después de ella. Cuando Locusta hizo aquel post terrible sobre la última vez que se hace algo -que no voy a buscar ahora, y ustedes tampoco- yo ya vivía en el año y algo después de ella, de la última vez que pude querer así. Lo supe al besarla, hace relativamente poco tiempo. Al besarla por última vez, me refiero, con total consciencia de ese hecho, y sólo para saber que lo estaba viviendo como tal. ¿Y saben qué me dijo ella? Pues lo habitual, lo obvio. Yo no lo pensé así. Para ser exactos pensé algo parecido a "calla, esta es mi gloria y mi derrota, este saber que todo acabó para siempre, calla y no nos mientas más".
Por otra parte, me dio igual.
Qué terribles pueden llegar a ser la indiferencia y la incomprensión cuando se besa para conquistar la posesión certera de la última vez.
Cuando se muerde como un tigre sin hambre, muerto de ídem.
Kun quería contar esto el 12/2/2004 7:27:35 pm
He estado con M. Ward, nombre artístico de Matt Ward -otro que se complica la vida-, y antes todavía estuve escuchando su Transistor Radio, un disco que recomiendo que la gente adquiera cuando sea posible, y que dificulta ser tan zafio como pretendo. Matt Ward era un gran recuerdo, fue mi primera entrevista en Madrid a un músico forastero (si descontamos mis labores de intérprete poli bueno-poli malo que hice con DJ Lu al penco de Smog en un banco cualquiera, en una plaza cualquiera).
Lo de Matt también fue al alimón con el citado DJ -alias Sr. X en otro blog: propietaria, te debo un mail, sorry-, pero para medios diversos. Disfruté mucho, y la segunda parte la disfruté más todavía, cuando nos dejamos de zarandajas de entrevistas y hablamos de poesía, de creación, de sensibilidades, y de esas mariconadas que hacen que el infame X piense que puede ganar, si sigo en este plan.
Pero esta vez ha sido diferente. Sí, se acordaba de mí, y yo de él, y me volvió a pasar su mail para ver si fructificaban algunas de nuestras ajadas propuestas de un año y algo antes, pero eso fueron cortesías. Hicimos la entrevista, le recomendé ciudades y parajes para sus vacaciones, hablamos un poco de la radio en nuestras infancias respectivas -explícale a un tipo de Portland qué es eso de Antena 3 y Gomaespuma, de sábados de 2 a 4 de la mañana escondiendo mi aparato debajo de las sábanas y tapándome las risas con la almohada-. Pero la conexión no estaba, ese M. Ward vital y ese Javi lleno de sorpresa y temor desaparecieron en los trámites de las promociones. Al final, me invitó a vernos cuando viniera por España, y sí hubo un poco de la magia primigenia en nuestra azorada despedida. Al habitual de Everlasting le hacía muchísima gracia mi sombrero.
A mí también, por eso lo tengo.
Al volver a casa, pensaba y pensaba en otras cosas, y miraba a otras personas y tuve un viaje de metro ciertamente provechoso. Porque hace unos días, se me hizo plantearme mi estado actual. Y mi estado actual es que sí, soy pobre de solemnidad, no tengo ningún lugar donde poner regularmente mi polla que no sea mi mano, menos espacio aún para situar mis emociones y que cada día le caigo peor a más gente por cosas que, seguramente, podría evitar o corregir si tuviera la mínima consciencia de que las hago o de que joden tanto. Pero estoy demasiado ocupado con la autofelación mental.
Y me siento genial. Esta mañana ha sido fabulosa, con mis dos horas de sueño, mis paseitos, mi cafetito y mi necesidad desesperada de que inventen la grabadora neuronal y no tema perder las tres o cuatro ocurrencias que creo merecen la pena de cada hora mental.
Y mis vivencias. Nací solo, estuve solo cantidades industriales de tiempo durante mi infancia, y en mi adolescencia, y en esta etapa indeterminada en la que no se sabe nada más que que se está más cerca de los 30 que de los 20 -como si eso tuviera algún significado especial en este mundo de mierda, en esta parodia ridícula donde Moratinos merece un editorial, y la noticia de que casi la mitad de mi generación ha de vivir con sus padres no-. Aspiro a ser un fantasma algún día, otro fantasma, incorpóreo, depósito de melancolías y huraños de otros, espectador tangencial del pulso de esta Madrid repleta de adrenalinas y ascos.
Y mientras pueda mirar, pasear y pensar, estaré bien. Eso es certeza.
Claro que al final estaré solo, cuando no pueda mirar, pasear o pensar. Y entonces, ¿qué? Siempre me pregunté para qué leches viven esas personas, esos ancianos de solemnidad, más escombro que monumento de antaño. Para qué. Para qué quiero a nadie en esos momentos, alguien que estaría más ocupado limpiando mis mierdas y evitando que me matara de forma pública -geyser de carne, preferentemente- que estando conmigo. Que las vidas se acaban y quedan en nada, hostia, que todo es una comedia y que cada cual elige los mejores chistes o los papeles más dramáticos, o lee lo que le ponen, o se dedica al porno alemán o a la nouvelle francesa, o tal vez una mezcla de ambas. La vejez supongo que es la etapa en la que no puedes huir de esa certeza si no tienes una fe a prueba de iglesias. Esa certeza: la vida carece de sentido.
Al subir a casa, Corredera Baja arriba, me crucé con uno de esos excrementos que no pueden moverse ni darse muerte por la propia mano, un rescoldo de mujer tapada y empujada en su silla móvil, con su lo-que-fuera-consanguíneo dándole la puta brasa como se le da a esas asquerosas bolas de carne parásitas denominadas bebés: "¡la iglesia de San Antonio, la iglesia de San Antonio es esta!" Ni que decir tiene que la zombi no miraba la iglesia -joder, probablemente se ganó la vida haciéndole pajas con cascabeles en las muñecas a alguno de los obreros de la iglesialoscojones- y desviaba la mirada con mala hostia infinita. Al mirarla a los ojos -el resto del rostro tapado por una bufanda modelo "lo que queda después de que el brasero te queme las faldillas"-, en un momento mental particularmente violento y hosco, hubo chispas. Y algo de Charles Xavier: "no lo permitas, chico del sombrero, que no te lo hagan jamás, ni las iglesias ni tu propia sangre". Y asentí, y ella siguió de mala hostia y se perdieron tras la esquina.
El que no escupe es porque no puede.
O porque lleva bufanda.
Elige siempre la opción C.
En dos horas, con esta jaqueca, tengo que entrevistar a Mercury Rev. Google will save me.
He decidido dejar de comprar El País.
Merriam-Webster tiene como nueva acepción más votada el término blog.
PD: DJ Lu, hay partes que sí. Día 2 de 30. Y a lo mejor cae otro post luego.
Kun quería contar esto el 12/2/2004 3:06:09 pm
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Ven ustedes un blog herido de muerte.
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