(y gracias a Google Desktop Search, sólo he tardado dos segundos en encontrar la cita en mis documentos. Soy taaaaan feliz)
Ayer, finalmente, Locusta y yo quedamos para la Operación Pichón que resultó ser la Operación Quesamen. Engullimos queso como si no fuera maná. Y sí fuera queso. Mucho queso. Montones y montones de queso, relleno de cosas. El queso. El mejor detalle fue pedir cada uno su especialidad predilecta
antes de saber qué coño era lo que habíamos pedido. Estaba riquésimo.
Luego nos fuimos a bailar al Vips, o a bailar ella y yo intentar seguirla, porque mis articulaciones aún no saben que ya estoy vivo otra vez. Lo sospechan. Fuimos al cucomononavideño Starbucks del susodicho Vips -el de Bilbao-, y pedimos deseos para 2005 en el tablón de post-it donde la gente desea cosas que hacen que no queramos compartir el mundo con ellos. Si van, y sigue, mi post-it es el que hace referencia a las
Dirtis. El de Locusta es todavía más especialito.
Cogimos una especie de papelitos rollo predicciones galleta de la fortuna que había en una urna de cristal -se enrolla el/la manager, ¿eh? Jodeeeeeer-. A Loc le salió algo raro que no recuerdo -ah, sí, joder: va a entrar en la casa de Gran Hermano, aunque yo creo que ese será el señor B-. A mí, que me iban a tocar 5.000 euros en ropa a lo largo del año.
Luego nos dedicamos a joder la lectura a todos los chungos que se van a leer al Starbucks -estos no conocen El Alcaraván-, y a ingerir masivamente azúcar, vainillas, canelas, arándanos, y cafeínas. Y a cantar y bailar, claro. Y a hacer el chorras. Alguien lloraba. ¿Por qué siempre hay alguien llorando en un Starbucks? ¿Atrezzo? ¿Epifanía? En el del Vips, siempre es en la misma mesa -conocida como la mesa "ais"-.
Luego, ya con PGH, conocí un tipo interesante -ya es la rutina con PGH: conocer tipos interesantes que van con él-. Muy interesante. Me reactivo la vena filosofal-comunicativa-teórica-artística. Pero ni de coña vuelvo yo a intentar a Heidegger. Antes muerta que sencilla.
Al final, a la cama. No dormí, no podía hacerlo. Pensaba. A oscuras.
Y entonces mi fantasma me hizo una visita.